Vacunas indispensables para viajar a países exóticos

La vacunación es una etapa imprescindible antes de viajar a un destino exótico, sobre todo si el viajero está interesado en visitar lugares menos turísticos. Descubre en este artículo cuáles son las vacunas más recomendadas.

Actualmente se recomienda:

Vacunas contra la Hepatitis A y Fiebre Tifoidea para cualquier viajero que salga de Europa, Japón, EEUU-Canadá o Australia, especialmente si se aleja de las ciudades.

Vacuna contra la Rabia, recomendada también para estos mismos países, pero en especial para los asiáticos, africanos y el triángulo entre Honduras, Guatemala y El Salvador.

Vacuna contra la fiebre amarilla, para viajeros a zonas tropicales de África y América, incluyendo quienes salgan a la selva de Brasil, Perú o Bolivia y a destinos como Senegal o Kenia, que cada vez reciben más viajeros internacionales.

Aparte de estas vacunas más genéricas, también es muy importante consultar información actualizada sobre enfermedades e infecciones existentes en cada zona concreta que se vaya a visitar, dado que pueden existir otras medidas preventivas recomendadas.

Otra herramienta de gran ayuda para el viajero son las aplicaciones disponibles para móvil de geolocalización de especialistas médicos, que permiten en caso de necesidad localizar al médico más cercano.

Hepatitis A

La hepatitis A es una enfermedad hepática causada por el virus de la hepatitis A (VHA) que puede provocar mortandad de moderada a grave.

Zona sin riesgo
Zona de riesgo

Transmisión: Ingesta de alimentos o bebidas contaminados.

Contacto directo con personas infectadas.

Afectados anualmente:
aprox.

1,4 millones personas / mundo

Se asocia: Escasez de agua salubre, un saneamiento deficiente y a una mala higiene personal.

Las mejoras en el saneamiento y la vacunación son las medidas que mejor funcionan contra la enfermedad.

Síntomas

El periodo de incubación de la hepatitis A suele ser de unos 14–28 días.

Los síntomas de la hepatitis A tienen carácter moderado o grave e incluyen fiebre, malestar, pérdida de apetito, diarrea, náuseas, molestias abdominales, coloración oscura de la orina e ictericia (coloración amarillenta de la piel y la esclerótica ocular). Los infectados no siempre manifiestan todos estos síntomas.

¿Quiénes corren riesgo?

Entre los factores de riesgo cabe citar los siguientes:

  • Saneamiento deficiente
  • Falta de agua salubre
  • Drogas inyectables
  • Convivencia con una persona infectada
  • Viajes a zonas de alta endemicidad sin inmunización previa

Diagnóstico

Los casos de hepatitis A son clínicamente indistinguibles de otros tipos de hepatitis víricas agudas. El diagnóstico se establece mediante la detección en la sangre de anticuerpos IgM e IgG dirigidos específicamente contra el VHA.

Tratamiento

No hay ningún tratamiento específico para la hepatitis A. Los síntomas pueden remitir lentamente, a lo largo de varias semanas o meses. El tratamiento persigue el bienestar y el equilibrio nutricional del paciente, incluida la rehidratación tras los vómitos y diarreas.

Prevención

La mejora del saneamiento, la inocuidad de los alimentos y la vacunación son las medidas más eficaces para combatir la hepatitis A.

Al cabo de un mes de haber recibido una sola dosis de la vacuna, casi el 100% de las personas habrá desarrollado niveles protectores de anticuerpos. Incluso después de la exposición al virus, una dosis de la vacuna dentro de las dos semanas posteriores al contacto con el virus tiene efectos protectores.

Rabia

La rabia es una zoonosis, enfermedad transmitida por un virus que afecta a animales domésticos y salvajes, y se propaga a las personas a través del contacto con la saliva infectada a través de mordeduras o arañazos.

Zona sin riesgo
Zona de riesgo
Zona de alto riesgo

Tratamiento:

15 millones personas / mundo

Reciben un tratamiento profiláctico posexposición con la vacuna. De este modo se previenen cientos de miles de muertes por rabia.

Afectados anualmente:

50.000 personas / mundo

Principalmente en Asia y África

Prevención: Enfermedad prevenible mediante vacunación que afecta a más de 150 países y territorios.

La limpieza inmediata de la herida y la inmunización en las horas siguientes al contacto con un animal presuntamente rabioso pueden evitar la aparición de la enfermedad y la muerte.

Síntomas

El periodo de incubación de la rabia suele ser de 1 a 3 meses, pero puede oscilar entre menos de una semana y más de un año. Las primeras manifestaciones son la fiebre, que a menudo se acompaña de dolor o parestesias (sensación inusual o inexplicada de hormigueo, picor o quemazón) en el lugar de la herida.

A medida que el virus se propaga por el sistema nervioso central se produce una inflamación progresiva del cerebro y la médula espinal que acaba produciendo la muerte.

La enfermedad puede adoptar dos formas. En la primera, la rabia furiosa, con signos de hiperactividad, excitación, hidrofobia y, a veces, aerofobia, la muerte se produce a los pocos días por paro cardiorrespiratorio.

La otra forma, la rabia paralítica, representa aproximadamente un 30% de los casos humanos y tiene un curso menos dramático y generalmente más prolongado que la forma furiosa. Los músculos se van paralizando gradualmente, empezando por los más cercanos a la mordedura o arañazo. El paciente va entrando en coma lentamente, y acaba por fallecer.

Diagnóstico

No se dispone de pruebas para diagnosticar la infección por rabia en los humanos antes de la aparición de los síntomas clínicos, y a menos que haya signos específicos de hidrofobia o aerofobia, el diagnóstico clínico puede ser difícil de establecer.

Transmisión

Las personas se infectan por la mordedura o el arañazo profundos de un animal infectado. Los perros son los principales huéspedes y transmisores de la rabia.

Los murciélagos son la principal fuente de infección en los casos mortales de rabia en los Estados Unidos, Canadá y América Latina. La rabia del murciélago se ha convertido recientemente en una amenaza para la salud pública en Australia, y Europa Occidental.

Tratamiento posexposición

La profilaxis posexposición (PPE) consiste en:

  • Tratamiento local de la herida, iniciado tan pronto como sea posible después de la exposición;
  • Aplicación de una vacuna antirrábica potente y eficaz conforme a las recomendaciones de la OMS;
  • Administración de inmunoglobulina antirrábica, si está indicado. El tratamiento eficaz inmediatamente después de la exposición puede prevenir la aparición de los síntomas y la muerte.

Tratamiento local de la herida Los primeros auxilios recomendados consisten en el lavado inmediato y concienzudo de la herida durante un mínimo de 15 minutos con agua y jabón, detergente, povidona yodada u otras sustancias que maten al virus de la rabia.

Fiebre amarilla

La fiebre amarilla es una enfermedad vírica aguda, hemorrágica transmitida por mosquitos infectados. El término "amarilla" alude a la ictericia que presentan algunos pacientes.

Zona sin riesgo
Zona de riesgo

Afectados:

Zonas tropicales de África y América Latina, con una población de más de

900 millones de habitantes
50%

de los casos graves no tratados puede llegar a la mortalidad

200.000

casos de fiebre amarilla

30.000

muertes (90% de ellas en África)

Tratamiento:

NO

hay tratamiento curativo

El tratamiento es sintomático y consiste en paliar los síntomas y mantener el bienestar del paciente.

Prevención:
La vacunación es la medida preventiva.

Es segura, asequible, muy eficaz, y una sola dosis es suficiente para conferir inmunidad y protección de por vida, sin necesidad de dosis de recuerdo. Ofrece una inmunidad efectiva al 99% de las personas vacunadas / 30 días.

Signos y síntomas

Una vez contraído el virus y pasado el periodo de incubación de 3 a 6 días, la infección puede cursar en una o dos fases. La primera, aguda, suele causar fiebre, mialgias con dolor de espalda intenso, cefaleas, escalofríos, pérdida de apetito y náuseas o vómitos.

Posteriormente, la mayoría de los pacientes mejoran y los síntomas desaparecen en 3 o 4 días.

Sin embargo, el 15% de los pacientes entran a las 24 horas de la remisión inicial en una segunda fase, más tóxica. Vuelve la fiebre elevada y se ven afectados diferentes sistemas orgánicos. El paciente se vuelve ictérico rápidamente y se queja de dolor abdominal con vómitos. Puede haber hemorragias orales, nasales, oculares o gástricas, con sangre en los vómitos o las heces. La función renal se deteriora. La mitad de los pacientes que entran en la fase tóxica mueren en un plazo de 10 a 14 días, y los demás se recuperan sin lesiones orgánicas importantes.

El diagnóstico de la fiebre amarilla es difícil, sobre todo en las fases tempranas. Puede confundirse con otras fiebres hemorrágicas y otras enfermedades. Los análisis de sangre permiten detectar anticuerpos específicos frente al virus.

Poblaciones en riesgo

Hay 44 países endémicos en África y América Latina con un total de 900 millones de habitantes en riesgo.

En países libres de fiebre amarilla se produce un pequeño número de casos importados. Aunque nunca se han notificado casos en Asia, la región es una zona de riesgo porque existen las condiciones necesarias para la transmisión.

Transmisión

El virus de la fiebre amarilla es un arbovirus del género Flavivirus y su vector principal son los mosquitos, que transmiten el virus de un huésped a otro, principalmente entre los monos, pero también del mono al hombre y de una persona a otra.

Hay tres tipos de ciclos de transmisión:

  • Fiebre amarilla selvática: En las selvas tropicales lluviosas la fiebre amarilla afecta a los monos, que son infectados por los mosquitos salvajes. A su vez, los monos transmiten el virus a otros mosquitos que se alimentan de su sangre, y los mosquitos infectados pueden picar a las personas que entren en la selva, produciendo casos ocasionales de fiebre amarilla.
  • Fiebre amarilla intermedia: En las zonas húmedas o semihúmedas de África se producen epidemias a pequeña escala. Los mosquitos semidomésticos (que se crían en la selva y cerca de las casas) infectan tanto a los monos como al hombre.
  • Fiebre amarilla urbana: Cuando las personas infectadas introducen el virus en zonas con gran densidad de población y un gran número de mosquitos y de personas no inmunes se producen grandes epidemias. Los mosquitos infectados transmiten el virus de una persona a otra.

Tratamiento

No hay tratamiento específico para la fiebre amarilla. Solo se pueden instaurar medidas de sostén para combatir la fiebre y la deshidratación. Las infecciones bacterianas asociadas pueden tratarse con antibióticos. Las medidas de sostén pueden mejorar el desenlace de los casos graves, pero raramente están disponibles en las zonas más pobres.

Prevención

1. Vacunación
La vacunación es la medida más importante para prevenir la fiebre amarilla. La vacuna contra la fiebre amarilla es segura y asequible, y proporciona una inmunidad efectiva contra la enfermedad al 80-100% de los vacunados al cabo de 10 días, y una inmunidad del 99% al cabo de 30 días. Una sola dosis es suficiente para conferir inmunidad y protección de por vida, sin necesidad de dosis de recuerdo.

2. Control de los mosquitos
En algunas situaciones, el control de los mosquitos es fundamental hasta que la vacunación haga efecto. El riesgo de transmisión de la fiebre amarilla en zonas urbanas puede reducirse eliminando los potenciales criaderos de mosquitos y aplicando insecticidas al agua donde se desarrollan en sus estadios más tempranos.

Alerta y respuesta ante epidemias

La detección rápida de la fiebre amarilla y la respuesta inmediata con campañas de vacunación de emergencia son esenciales para controlar los brotes. Sin embargo, la subnotificación es preocupante; se calcula que el verdadero número de casos puede ser hasta 250 veces mayor que el número de casos notificados en la actualidad.

Además, el número de casos de fiebre amarilla ha aumentado en los dos últimos decenios debido a la disminución de la inmunidad de la población, la deforestación, la urbanización, los movimientos de población y el cambio climático.

Fiebre Tifoidea

Enfermedad infecciosa causada por la bacteria Salmonella typhi (bacilo de Eberth), o Salmonella paratyphi A, B o C, bacterias del género Salmonella.

Zona sin riesgo
Zona de riesgo
Zona de alto riesgo

Transmisión:

Su reservorio es el cuerpo humano, y se contagia por las vías fecal-oral a través del agua o alimentos contaminados por heces.

Considerada por la OMS como un problema serio de salud pública, se dan entre

16 y 33

millones de casos / año

216.000

muertes / año en todo el mundo

Mortalidad reducida al

1% de los casos

gracias al uso de antibióticos como la ampicilina, el cloranfenicol, el trimetoprimsulfametoxazol y la ciprofloxacina.

Afectados:

La enfermedad sigue presente en los países en desarrollo, principalmente en el suroeste asiático, Asia central, algunos países de América del sur, y África Subsahariana.

Síntomas

El período de incubación suele durar de 10 a 15 días. En este período se producen trastornos del estado general, empezando por una fase de bacteriemia acompañada de fiebre que suele aumentar de forma progresiva llegando a alcanzar los 39-40 °C. Al llegar a este nivel, la fiebre se mantiene, acompañada de cefalea, estupor, roséola en el vientre, tumefacción de la mucosa nasal, lengua tostada, úlceras en el paladar y, a veces, hepatoesplenomegalia y diarrea.

La enfermedad puede evolucionar y llegar a curarse en un periodo de 2 semanas o bien prolongarse con síntomas localizados a partir de la quinta semana. Si la persona infectada no es sometida al tratamiento adecuado, pueden darse complicaciones graves, como hemorragia y perforación intestinal, e incluso choque séptico.

Las personas que han pasado por una infección de fiebre tifoidea presentan un cierto grado de inmunidad. Sin embargo, aunque éste no las protege frente a posibles reinfecciones, sí que hace que en caso de producirse sean más benignas.

Transmisión

La bacteria penetra en el cuerpo humano a través de la vía digestiva, alcanzando el intestino y llegando por último a la sangre. Aquí el virus provoca una fase de bacteremia al cabo de una semana de haber contraído la enfermedad. En la fase posterior se ven afectados diversos órganos, produciéndose fenómenos inflamatorios y necróticos, debidos a la emisión de endotoxinas en el cuerpo. Finalmente, las salmonelas son eliminadas al ser expulsadas a través de las heces.

Debido al proceso de transmisión, es primordial una detección precoz que permita lavar aparte la ropa y los útiles de vajilla utilizados por el enfermo de forma a evitar nuevos contagios.

Tratamiento

La tasa de mortalidad ha sido reducida en los países desarrollados gracias al uso de antibióticos como la ampicilina, el cloranfenicol (el más utilizado), el trimetoprim-sulfametoxazol (conocido también como cotromoxazol) y la ciprofloxacina, llegando a reducir la tasa de mortalidad hasta el 1% de los casos.

Sin embargo, la Salmonella Typhi está desarrollando resistencia frente a estos medicamentos, por lo que se está considerando también el uso de otros antibióticos como la Fleroxacina.

Todos estos medicamentos disminuyen tanto la gravedad como las complicaciones y la duración de los síntomas de la fiebre tifoidea, aunque la convalecencia puede llegar a durar varios meses.

En cualquier caso, el tratamiento debe hacerse siempre bajo supervisión médica.

Prevención

Un correcto saneamiento e higiene son las dos medidas críticas de cara a prevenir la infección. La adecuada manipulación de alimentos, una correcta cocción de los alimentos, hervir el agua, dar un correcto tratamiento al agua y las basuras y una buena conservación de los alimentos son otras medidas clave para prevenir la fiebre tifoidea.

Actualmente existen además dos vacunas recomendadas por La OMS: la vacuna viva oral Ty21a y la vacuna inyectable Vi capsular polysaccharide (ViCPS). Estas dos vacunas protegen entre un 50%-80% de los casos y son altamente recomendadas a todas aquellas personas que viajen a los países y regiones dónde la infección es endémica.