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Tuberculosis

La incidencia de la tuberculosis comenzó a disminuir a principios del siglo XX, aunque a mediados de los 80 experimentó un repunte. Actualmente mueren entre entre 1,6 y 2 millones de personas al año por esta enfermedad, principalmente en África, sureste asiático y las regiones al este del Mediterráneo. ¿Qué es la tuberculosis? ¿Cómo afecta a los enfermos? ¿Es mortal? ¿En qué casos? ¿Cómo prevenirla? Te contamos todo lo que hay que saber sobre la Tuberculosis.

 

Cronología de la Tuberculosis

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    Neolítico (7.000-2.000 a.C.)

    Huesos encontrados en asentamientos neolíticos indican la existencia, ya entonces, de una cepa de la tuberculosis similar a las que hay en el siglo XXI.

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    4.000 a.C.

    Se han hallado indicios de Mycobacterium tuberculosis en momias del Antiguo Egipto.

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    Siglos IV-V a.C.

    El médico griego Hipócrates, considerado el “padre de la medicina”, ya se refiere a la “tisis” en sus escritos.

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    Siglos XVIII-XIX

    La tuberculosis (o “peste blanca”) alcanza dimensiones próximas a la epidemia en las sociedades rápidamente urbanizadas e industrializadas de Europa y América del Norte. Se convierte en la principal causa de muerte (1 de cada 4 fallecimientos) en occidente hasta principios del siglo XX, cuando mejoran las condiciones sanitarias en las ciudades.

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    1849

    El compositor polaco Frédéric Chopin fallece en París a causa de la tuberculosis. Otras víctimas de la enfermedad en el siglo XIX fueron las hermanas y escritoras inglesas Brontë.

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    1864

    Louis Pasteur inventa la pasteurización, que destruye los bacilos de la leche y ayuda a la desaparición en muchos países de la tuberculosis bovina en humanos.

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    1865

    El medico francés Jean Antoine Villemin demuestra que la tuberculosis es contagiosa, inoculándola de animales enfermos a animales sanos.

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    1882

    El médico alemán Robert Koch identifica la bacteria causante de la tuberculosis, la Mycobacterium tuberculosis, también llamada “bacilo de Koch”.

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    1905

    Robert Koch recibe el Premio Nobel de Medicina.

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    1920

    El pintor italiano Amedeo Modigliani fallece de tuberculosis. Otras víctimas en el siglo XX fueron el dramaturgo ruso Anton Chekhov y el escritor alemán Franz Kafka.

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    1921

    Los bacteriólogos franceses Camille Guérin y Albert Calmette usan un bacilo atenuado de la tuberculosis bovina como vacuna contra la enfermedad en humanos. Numerosos niños son inmunizados en Europa y América del Sur. A partir de los años 30, la vacunación se realiza a gran escala.

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    1952

    Se prueba con éxito el fármaco isoniazida, que aún hoy es el más importante contra la tuberculosis. Le siguen los antibióticos pirazinamida (1954), etambutol (1962) y rifampicina (1963). Su uso reduce a meses la duración de los tratamientos, haciendo desaparecer los sanatorios.

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    Años 80 del siglo XX

    Los casos de tuberculosis sufren un repunte en los países desarrollados, en gran parte debido al sida.

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    1995

    Para prevenir el avance de la tuberculosis multirresistente, la OMS anima a los países a implementar la Terapia Directamente Observada (DOT, por sus siglas en inglés): en lugar de dejar que el paciente tome en solitario su medicación diaria, éste es observado por personal sanitario o familiares mientras toma las dosis, que se reducen a dos semanales. El sistema proporciona buenos resultados en el control de la enfermedad.

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    Siglo XXI

    Se identifica la tuberculosis ultrarresistente, inmune a los fármacos de primera y segunda línea.

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    2013

    9 millones de personas (entre ellas, 550.000 niños) enferman de tuberculosis en el mundo. 1,5 millones mueren por esta enfermedad. El 56% de los nuevos casos se dan en el Sureste Asiático y en regiones del Pacífico Occidental, aunque la mayor tasa de incidencia es en África: más de 280 casos por cada 100.000 habitantes.

¿Qué es la tuberculosis?

La tuberculosis es una infección causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, también conocida como bacilo de Koch.

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    El bacilo de Koch es una bacteria alargada y extremadamente resistente. Es capaz de sobrevivir durante meses en condiciones de sequedad y puede soportar la acción de desinfectantes leves. Fue descubierto en 1882 por el médico alemán Robert Koch, que también concluyó, años después, que el bacilo que causaba la tuberculosis bovina no era el mismo que el que la causaba en humanos. Aunque en este punto Koch topó con la oposición de sus colegas de la época, hoy en día se sabe que tenía razón. Fue galardonado con el Premio Nobel en Medicina en 1905, por sus investigaciones y descubrimientos sobre la tuberculosis.

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Afecta principalmente a los pulmones (tuberculosis pulmonar), pero también puede atacar a otras partes del cuerpo como los riñones, el sistema linfático o los huesos (tuberculosis extrapulmonar).

La mayor parte de las veces, el bacilo se expande lentamente por los pulmones, formando nódulos (tubérculos) que hacen cavidades y destruyen el tejido respiratorio. Los vasos sanguíneos también pueden ser erosionados con el avance de la enfermedad, haciendo que la persona infectada tosa sangre. Es curable y prevenible, pero sin el tratamiento adecuado puede ser mortal.

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    Un tubérculo contiene un núcleo de células y tejidos muertos, dentro del cual se encuentran las bacterias. Este núcleo está rodeado por fagocitos (un tipo de glóbulos blancos) y una pared de tejido conectivo. Los tubérculos son de tamaño microscópico, pero al unirse entre ellos se hacen visibles y dan al tejido la apariencia de un queso agujereado.

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Tipos de infecciones de tuberculosis

Infección latente

Ocurre cuando una persona inhala las bacterias pero su sistema inmunológico es capaz de combatirlas para impedir que se multipliquen. El paciente no presenta síntomas ni puede contagiar la enfermedad, pero con el tiempo, si su sistema inmunitario se debilita por alguna causa (VIH, malnutrición, drogas, diabetes…), las bacterias pueden empezar a multiplicarse y desarrollar la enfermedad. Según la OMS, una tercera parte de la población mundial tiene tuberculosis latente.

No presenta síntomas

No puede transmitir la enfermedad

Normalmente, la prueba cutánea o sanguínea indica infección por tuberculosis

Generalmente, la radiografía de tórax es normal y el frotis de esputo da resultado negativo

En algunos casos, debe recibir tratamiento para impedir que la enfermedad se desarrolle

Enfermedad activa

Ocurre cuando las bacterias se multiplican en el cuerpo de la persona infectada. En este caso, la enfermedad es contagiosa.

Presenta síntomas

Puede contagiar la enfermedad

La prueba cutánea o sanguínea indica infección por tuberculosis

La radiografía de tórax es anormal y el frotis de esputo da resultado positivo

En todos los casos, necesita tratamiento

Cómo se contagia

La tuberculosis se transmite de persona a persona a través del aire.

  • Cuando un enfermo tose, estornuda, escupe o incluso habla, expulsa bacilos al aire.

  • Si otra persona los inhala, queda infectada.

Aun así, no es fácil contagiarse de la enfermedad, normalmente es necesario pasar un tiempo prolongado con el enfermo.

Quién tiene mayor riesgo

Sólo 1 de cada 10 personas infectadas por las bacterias desarrollan la enfermedad. Sin embargo, este riesgo es mayor si la infección es reciente (menos de 2 años), ocurre en personas cuyo sistema inmunitario está dañado (como en casos de VIH) o en quienes consumen tabaco.

Las personas infectadas por el VIH tienen entre 26 y 31 veces más  probabilidades de enfermar.

Según la OMS, más del 20% de los casos se atribuyen al hábito de fumar.

Más del 95% de los casos y las muertes se registran en países en vías de desarrollo. Vivir en condiciones insalubres o de hacinamiento incrementa el riesgo.

Quién tiene mayor riesgo

Los niños, los ancianos y las personas inmunodeprimidas tienen más riesgo de desarrollar tuberculosis extrapulmonar, que ocurre cuando el bacilo entra en el torrente sanguíneo y puede viajar a prácticamente cualquier parte del cuerpo, como los nódulos linfáticos, los huesos, la piel, los riñones, los intestinos, las meninges o el bazo.

Prevención

Las personas que den positivo en la prueba de la tuberculina pueden tomar medicamentos, si el médico así lo decide, para impedir que la enfermedad se desarrolle. De esta forma, y debido a que sólo la tuberculosis activa es contagiosa, el paciente no podrá contagiar a nadie.

Tuberculosis activa

Si una persona ha desarrollado la enfermedad, puede tomar unas sencillas medidas de precaución para evitar trasmitirla:

Casa. No acudir al colegio, trabajo o lugares públicos, ni dormir en la misma habitación que otras personas.

Ventilación. Las bacterias de la tuberculosis se esparcen con más facilidad en ambientes cerrados, donde el aire no se mueve.

Boca. Usar un pañuelo para cubrir la boca cuando se ríe, se tose o se estornuda. Desechar siempre los pañuelos después de usarlos.

Máscara. Usar una máscara quirúrgica que cubra la boca cuando se esté con otras personas.

 

Síntomas

Al principio, los síntomas pueden ser leves durante muchos meses, por lo que los pacientes suelen tardar en buscar atención médica y mientras tanto pueden transmitir la bacteria a otras personas. A lo largo de un año, un enfermo tuberculoso puede infectar a unas 10 -15 personas por contacto estrecho.

Incubación

Cuando la tuberculosis pasa de la forma latente a la activa, se manifiesta con los siguientes síntomas, aunque pueden ser leves durante meses

Incubación

Con el tiempo, los síntomas iniciales empeoran y aparecen otros:

Diagnóstico

Actualmente, los métodos más utilizados para diagnosticar la enfermedad son:

Baciloscopia de esputo

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    Se examina una muestra de esputo bajo el microscopio para ver si contiene bacilos. Con esta técnica no se detectan muchos de los casos menos infecciosos de la enfermedad. Si se detectan bacilos, se realiza un cultivo para comprobar si éstos son de la tuberculosis.

     

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Radiografías de los pulmones

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    Muestran los característicos tubérculos que causa la enfermedad.

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Prueba cutánea de la tuberculina

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    Tiene una alta tasa de falsos positivos, por lo que no debe usarse como único criterio diagnóstico. Se realiza mediante una inyección intradérmica (en la piel, no bajo ella) en el antebrazo de un derivado proteico purificado de la tuberculina. Causa una roncha en la piel, que por lo general desaparece en unas pocas horas. Al cabo de 48-72 horas, el médico debe volver a revisar la zona para interpretar la reacción.

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Análisis de sangre

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    Menos usado, es útil en personas que presentan un alto riesgo de haber contraído la enfermedad, pero han dado negativo en la prueba de la tuberculina, o en personas que han sido vacunadas recientemente contra la tuberculosis (en ese caso el resultado del test cutáneo puede dar un falso positivo).

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Tratamiento en los siglos XVIII y XIX

Durante los siglos XVIII y XIX,  la tuberculosis (o “peste blanca”) alcanzó dimensiones próximas a la epidemia en Europa y América del Norte. Por aquel entonces, los enfermos eran aislados en sanatorios, ya que se creía que la higiene y el aire fresco ayudaban a las defensas del cuerpo a parar el avance de la enfermedad. Los tratamientos en aquella época consistían en:

sangrías

administración de expectorantes y purgativos

dieta sana y ejercicio

opiáceos, ya en la fase final de la enfermedad

Tratamiento en la actualidad

Desde los años 40, el uso de antibióticos ha reducido a meses la duración de los tratamientos, haciendo desaparecer los sanatorios.  El tratamiento estándar en la actualidad consiste en la administración durante 6 meses de una combinación de cuatro medicamentos antimicrobianos.  En los países donde la tuberculosis es común, se administra la vacuna BCG (Bacillus Calmette-Guérin) durante la infancia. Su efectividad es limitada, por lo que no se aplica de forma rutinaria en todos los países.

Es crítico seguir las indicaciones del tratamiento al pie de la letra. Si el tratamiento no se sigue de forma correcta o se interrumpe prematuramente, las bacterias pueden volverse resistentes a los fármacos y derivar en una tuberculosis multirresistente aún más difícil de curar.

La tuberculosis multirresistente presenta resistencias al menos a los dos fármacos de primera línea más eficaces, por lo que se trata con medicamentos de segunda línea. No es imposible de curar, pero el tratamiento tiene muchos efectos secundarios y dura como mínimo 2 años. En algunos casos, puede desarrollarse una forma todavía más resistente de tuberculosis, una tuberculosis ultrarresistente, que sólo responde a unos pocos medicamentos.

En algunos casos, el paciente puede ser hospitalizado hasta que la enfermedad ya no sea contagiosa.

Situación actual

En los países desarrollados, la infección fue redimiendo a partir de principios del siglo XX.

Sin embargo, a mitad de los años 80 el número de muertes por tuberculosis empezó a aumentar debido a la inmigración desde países donde la infección prevalece, y al avance del VIH.

En los 90, la enfermedad se incrementó también en África, pero los índices consiguieron normalizarse a partir del 2000.

A pesar de la estabilización de la incidencia de la tuberculosis por habitante, el número total de casos sigue aumentando debido al incremento de la población, especialmente en África, el sureste asiático y las regiones al este del Mediterráneo.

Cada año, entre 1,6 y 2 millones de personas mueren por esta enfermedad.

El Día Mundial de la tuberculosis se celebra cada 24 de marzo, en conmemoración del día (de 1882) en que Robert Koch presentó su descubrimiento del Mycobacterium tuberculosis, el bacilo que causa la enfermedad.

Algunas cifras

La tuberculosis es la segunda causa mundial de mortalidad causada por un agente infeccioso. La primera es el sida.

La tasa de mortalidad por tuberculosis ha disminuido un 45% desde 1990.

480 000 personas en el mundo desarrollaron tuberculosis multirresistente en 2013.

Latino América

En América Latina, la tuberculosis es la segunda causa de muerte debido a un agente infeccioso, sólo por detrás del sida. Según la Organización Panamericana de la Salud (PAHO, por sus siglas en inglés), en 2011 se registraron 168.400 casos de la enfermedad en el continente americano, de los que un 67% fueron en América del Sur, un 17% en América Central, un 11% en el Caribe y un 5,1% en América del Norte.

El Banco Mundial estima que, en el periodo 2010-2014, los países de América Latina con más incidencia (número de casos nuevos en un periodo determinado) de la tuberculosis han sido Haití (206 casos por cada 100.000 habitantes), Perú (124) y Bolivia (123). Sin embargo, el país sudamericano con más prevalencia (número total de casos) es Brasil, que se cuenta entre los 22 países que acumulan el 80% de enfermos del mundo. Desde 1990, la incidencia ha disminuido de forma progresiva en la mayoría de países, a excepción de la región del Caribe, donde esta reducción es muy reciente, y América Central, donde el número se mantiene estabilizado debido a un ligero incremento de los casos en México.

La carga de la tuberculosis varía según el país y se concentra en las poblaciones más vulnerables, como las minorías étnicas, las poblaciones migrantes y las que tienen dificultades para acceder a la atención médica. Suelen ser personas que viven en los barrios marginales de las ciudades, muchas veces en condiciones de hacinamiento, y afectadas por la desigualdad económica, el desempleo y la violencia. Por todo ello, la PAHO lleva a cabo el Plan Regional de Control de la Tuberculosis 2006-2015, con el objetivo a largo plazo de erradicar la enfermedad en el continente para 2050.