Civilizaciones milenarias y uso de plantas medicinales

Si nos remontamos a miles de años atrás, descubriremos que las antiguas civilizaciones ya se valían de algunos de los remedios que hoy en día usamos en la sociedad moderna, aunque en su forma más primitiva y menos procesada. Aquí tienes algunos ejemplos:

Té de corteza de sauce

El dolor de cabeza se curaba con infusiones de corteza de sauce, porque contiene ácido acetilsalicílico: el mismo que se halla en nuestras aspirinas de hoy en día.

Moho del pan

El moho que ataca al pan y al resto de las harinas es un hongo con propiedades bactericidas, que ya era usado por muchas culturas. Sus microorganismos formaban la base de lo que hoy conocemos como penicilina.

Hielo y frío

El hielo es vasoconstrictor, por lo que priva a la zona dañada de riego sanguíneo y hace las veces de anestésico y antiinflamatorio, una solución rápida y eficaz que seguimos usando a día de hoy.

Semillas de amapola

La acción sedante que producen las cápsulas encontradas dentro de la semilla de la amapola ha servido a la humanidad a conciliar el sueño durante miles de años.

Semilla de granada y albaricoque

Sus usos históricos como anticonceptivos se deben al hallazgo de estrona en sus semillas, una hormona estrogénica. Su consumo debía ser acorde con el ciclo menstrual de la mujer.

Aceite de hígado de bacalao

La fiebre absorbe todas las reservas de vitamina A de nuestro organismo, por lo que el aceite de hígado de bacalao ha sido de mucha ayuda durante generaciones, al contener una alta concentración de vitaminas.

Avances en los procedimientos médicos

Los avances a la hora de sintetizar estos medicamentos (para poder tomar una pastilla en vez de una infusión de corteza, por ejemplo) nos han otorgado comodidad y también más eficacia, pero las verdaderas ventajas que han marcado un antes y un después se han realizado en el campo de la diagnosis y las intervenciones quirúrgicas. En el presente contamos con nuevas técnicas, nuevas herramientas y también espacios habilitados para llevarlas a cabo.

A principios del s. XIX todavía no se usaba la anestesia, sino que se valían de alcohol, opio o cloroformo, y las técnicas quirúrgicas eran muy elementales y rápidas (las amputaciones se realizaban en menos de un minuto). Las condiciones higiénicas eran cuestionables: no siempre los cirujanos se lavaban las manos antes y después de operar. Las batas solían estar sucias y bajo la mesa de operaciones yacían cajas de virutas de madera para recoger la sangre de los pacientes. En el caso de los pacientes más ricos, se solicitaba recibir la intervención en la propia casa, frecuentemente en la mesa de la cocina.

El riesgo de morir en manos de un cirujano aumentaba enormemente debido a la falta de conocimiento de las causas de la infección. El índice de mortalidad aumentaba con el trauma de la operación misma, y como éstas constituían el último recurso, el paciente solía encontrarse ya sin fuerzas.

Técnicas (afortunadamente) desfasadas

Lobotomía

En las lobotomías más extremas se alcanzaba y cortaba el lóbulo frontal del cerebro accediendo desde las cuencas de los ojos. En ocasiones también se valían de un taladro para perforar levemente el cráneo.

Flebotomía

Este procedimiento se utilizó durante casi 2.500 años. La idea básica era que todas las enfermedades eran causadas por un desequilibrio en los fluidos del organismo. Equilibrarlos era sencillo, bastaba con realizar cortes a la persona que sufría de una enfermedad (o incluso algo tan simple como la acidez) y dejar que sangrara durante un tiempo. También era posible usar sanguijuelas, si preferías.

Trepanación

Consistía fundamentalmente en la perforación de un agujero en el cerebro, sin anestésico. Fue pensada para dar a los espíritus malos un lugar para escapar, por lo que se utilizaba a menudo como una cura para la enfermedad mental.

El radio y la radioactividad

La radiactividad y particularmente el radio se utilizaron ampliamente como un tratamiento médico en el s. XX para muchas condiciones, desde la diarrea hasta la locura y el envejecimiento. Se llegaron a inventar dispositivos que incluso permitían crear agua radiactiva para uso doméstico.

Testículos de cabra

En un intento por curar la impotencia, se trató de insertar los testículos de un macho cabrío en el escroto de los pacientes. Lo que parecía una excentricidad aislada, terminó convirtiéndose en una exitosa técnica, que se llevó a cabo en más de 16.000 pacientes.

Últimos avances de la medicina moderna

Si hablamos de las aplicaciones médicas de los rayos láser, la robótica y la realidad virtual, probablemente creamos que estamos refiriéndonos a ciencia ficción, pero tan sólo se trata de la realidad del s. XXI. Éstas son algunas de las intervenciones que a día de hoy están revolucionando el mundo de la medicina:

Operaciones que resultaban complejas o impensables en el pasado, como intervenir las amígdalas o las córneas de los ojos, ahora son tratadas con láser en cuestión de minutos, sin necesidad de anestesia ni ingreso médico.

Crear entornos virtuales y poderlos revivir de forma sistemática ha resultado ser una solución muy creativa para tratar las fobias de muchos pacientes, sobretodo las de difícil recreación, como el vértigo y la agorafobia. Basta con unas gafas de realidad virtual y un simulador de la experiencia, para exponer al paciente a sus miedos y habituarle a niveles elevados de ansiedad y permitirle afrontar sus miedos de una forma progresiva y supervisada por profesionales.

Las primeras tiras de tejido humano ya han sido impresas en tres dimensiones gracias a los avances de la biotecnología, y los primeros intentos para imprimir un órgano completamente funcional ya se están realizando. En la bioimpresión, los científicos obtienen células humanas de biopsias o de células madre, y permiten que se multipliquen en una placa de Petri. La mezcla resultante, es tinta biológica que se introduce en una impresora 3D, programada para organizar diferentes tipos de células en una forma tridimensional precisa, con la esperanza de que se integren con los tejidos existentes.

Ya se han registrado los primeros casos de pacientes que han logrado controlar extremidades robóticas con la mente, por medio de microelectrodos implantados en su cerebro. Un interfaz cerebro-computadora convierte los pensamientos en movimientos o acciones, y gracias a la “osteointegración”  se consigue que las prótesis implantadas en el esqueleto se controlen desde el cerebro.

Un avance de la biotecnología permite recuperar lesiones de forma acelerada: se trata de extraer una pequeña muestra de sangre del paciente afectado, extraer el plasma separado de los glóbulos rojos y blancos, para obtener unas fracciones plasmáticas que son un concentrado de proteínas de su propia sangre. Este concentrado logra estimular la regeneración de los tejidos del organismo.